Ni la implantación de desfibriladores automáticos o marcapasos en los enfermos ni el control a distancia del ritmo cardiaco para conocer sus alteraciones sin necesidad de que el paciente acuda a consulta son nuevos. Desde la década de los ochenta del pasado siglo, los dispositivos cardiacos forman parte de la terapia cardiaca habitual y, algo menos extendido y más novedoso pero también ya una aplicación bien conocida, es la 'telemonitorización de los pacientes con insuficiencia cardiaca.
Ahora, la tecnología sanitaria ha dado un paso más allá con un nuevo sistema que permite no sólo el control remoto del estado del corazón, de sus arritmias o taquicardias, y de las posibles intervenciones del desfibrilador implantado, sino que, al incorporar una balanza y un monitor de tensión arterial, el seguimiento es más completo dado que incluye otros parámetros que hablan de la salud del corazón.
La hipertensión arterial es un claro signo de alarma en este tipo de patologías y la acumulación de líquidos que se traduce en un aumento de peso son el anuncio de una insuficiencia cardiaca. El Hospital Clínico de Valladolid es el primero de España que ha introducido este nuevo sistema de vigilancia remota, el 'Latitude', y que ya lo aplica en la actualidad, desde el pasado verano, en ocho pacientes, según explica el doctor Jerónimo Rubio, director de la Unidad de Arritmias del Instituto de Ciencias del Corazón (ICICOR) de este complejo universitario.
Menos ingresos
Hasta hace poco, la información registrada por los marcapasos o los desfibriladores sólo era accesible cada vez que el paciente acudía a consulta para sus revisiones. Estos nuevos sistemas de vigilancia a distancia evitan tantas citas y reducen las hospitalizaciones.
El paciente tiene en su casa un pequeño monitor que recoge diariamente la información del dispositivo que se le ha implantado y la envía a un servidor seguro. El cardiólogo accede a estos registros a través de Internet. «No lo vigila constantemente, sino que lo interroga según haya sido programado», explica el doctor Rubio. Añade este especialista que «el nuevo sistema Latitude detecta estadios precoces que permiten evitar una crisis y reducir la mortalidad».
Además, el sistema tiene acopladas alarmas que «advierten al especialista por Internet, fax o mensaje 'SMS' de que algo está fallando».
Aunque estos aparatos son caros, unos 25.000 euros por paciente, dado que además su reimplante está prohibido, «el beneficio-riesgo y la reducción de ingresos hospitalarios lo hacen rentable, está demostrado», asegura el doctor Rubio, quien destaca que el Clínico «no ha puesto reparo alguno en la implantación y desarrollo de este sistema, la Gerencia ha comprendido muy bien el problema y sólo nos pide que no haya sobreindicaciones».
La colocación de este dispositivo bajo la piel requiere una intervención quirúrgica de «muy bajo riesgo» y aunque varía según el tipo de aparato y las necesidades del paciente básicamente consiste en «colocar unos cables, a través de la vena subclavia, en el interior de la cavidad cardíaca». «Estos electrodos quedan anclados permanentemente en el corazón y conectados al desfibrilador que, a su vez, se implanta debajo de la piel en la región infraclavicular derecha». El dispositivo funciona con pilas y tiene una duración de unos siete años.
El desfibrilador actúa controlando el ritmo cardíaco de manera permanente. Cuando el dispositivo detecta una arritmia o taquicardia aplica el tratamiento mediante impulsos eléctricos para suprimirla, es decir, una descarga en realidad. Dependiendo de la gravedad de la arritmia, el desfibrilador puede aplicar de manera automática tratamientos más suave(estimulación antitaquicardia) o más radicales (cardioversión mediante choque eléctrico), que pueden ser percibidos por el afectado.
Los pacientes a los que se implanta un desfibrilador y controla mediante esta tecnología han de ser seleccionados.
El desfibrilador es la terapia más eficaz frente a la muerte súbita que, cuando tiene lugar, sólo el 5% llega al hospital y, de ellos, dos son dados de alta y no llega a uno los que no han sufrido secuelas cerebrales.
De forma general, esta terapia está indicada para pacientes que han sufrido algún episodio de parada cardíaca debido a arritmias ventriculares graves (taquicardia ventricular o fibrilación ventricular) o bien a algunos grupos de personas que, aunque nunca han experimentado estas arritmias, están en riesgo de padecerlas o tienen antecedentes familiares que aconsejan la prevención.